La escisión es la estructura mental sobre la que se desarrolla el Trastorno Límite de la Personalidad. Si deseas entender de verdad el TLP, necesitas comprender qué es la escisión.

Manzanas seguras y venenosas:
Imagina un mundo donde todos los bebés nacen daltónicos: solo ven en blanco y negro. En ese mundo, su única comida son manzanas.
Hay manzanas amarillas: muy claras, completamente seguras.
Hay manzanas verdes (gris): seguras.
Hay manzanas rojas (gris): venenosas.
Y hay manzanas mitad verde, mitad roja (dos grises): solo una parte es comestible.
Los cuidadores atentos suelen partir las manzanas bicolor y entregan a sus bebés solo la mitad verde. Con el tiempo, los bebés bien alimentados desarrollan la capacidad de ver colores. Aprenden que pueden comer las amarillas, las verdes y las mitades verdes.
Pero algunos cuidadores, por negligencia o error, dan la manzana entera, incluso cuando es bicolor. El bebé no puede ver colores. Solo ve una manzana gris. La come entera y se envenena emocionalmente. Desde entonces, asocia el gris con el dolor. No distingue entre lo útil y lo tóxico. Solo acepta manzanas claras (amarillas). Rechaza todo lo ambiguo. Incluso si alguien, con amor, le ofrece una manzana partida, el simple tono gris la vuelve amenaza.
Así nace la escisión emocional:
El mundo dividido entre lo seguro y lo letal.
Transición a la dinámica real:
Las manzanas simbolizan experiencias afectivas: agradables, desagradables y mixtas.
Lo que ocurre naturalmente en un bebé son momentos buenos, malos y mixtos con su cuidador. Por ejemplo, pasa de sentir frío a ser arropado: experimenta alivio, satisfacción, afecto positivo. Esa imagen se asocia con un cuidador deseable (manzana amarilla).
Pero también vive experiencias negativas. Si el cuidador no atiende a tiempo sus necesidades, el bebé siente frustración, abandono, rabia. y cuando no es satisfecho, llora con desesperación. Esa rabia primitiva no distingue matices: es total, urgente, vital. Es un llamado ancestral que ha salvado a millones de mamíferos. “Atiéndeme o moriré.” Así de extrema es la emoción.
Supongamos que una noche el bebé sufre frío, hambre y soledad. Llora sin ser contenido. Esa vivencia se graba como imagen de terror y desamparo. El cuidador se convierte en una figura amenazante y el bebé guarda esa experiencia como una manzana roja (gris).
En otra ocasión, el cuidador acude al llanto, alimenta y arropa, pero no consuela. Se va demasiado pronto. Aunque hubo cuidado físico, no hubo sostén emocional. El bebé no logra regularse. La experiencia es ambigua, pero su sistema aún no tolera ambigüedad. Guarda la imagen como negativa. Esa es una manzana gris nuevamente.
Más adelante, el cuidador lo abraza con ternura… pero está distraído, ausente emocionalmente. La experiencia es mixta: mitad verde, mitad roja. Pero si el bebé ya fue envenenado por experiencias grises, no puede arriesgarse. No puede pensar: “me quiere, pero hoy está distante”. Su mente escindida lo obliga a protegerse anulando el matiz y convierte esa situación en una imagen interior de:
“Mi cuidador es malo. No me quiere. Me está rechazando.”
El envenenamiento representa esos eventos traumáticos que el bebé no puede procesar. A partir de ahí, todo lo ambiguo se vuelve peligroso. Incluso cuando recibe alimento o cuidados físicos, si su sistema hipervigilante interpreta alguna amenaza no lo registra como bueno, el cuerpo puede calmarse, pero desconfía de la persona. O en otras ocasiones incluso con hambre puede rechazar el alimento. Así, el bebé rechaza lo que necesita. No porque no lo desee, sino porque a veces no confía en quien lo ofrece.
“Esta manzana es roja porque es gris. Es veneno. y si tú me la das es que eres malvado. Punto”
Aunque todos le digan que es bicolor, él no puede creerlo. Así, incluso lo que alivia puede sentirse como traición, abandono o burla. Esta es la lógica de la escisión: protegerse del dolor emocional expulsando cualquier matiz. Lo ambiguo se vuelve peligroso. Lo parcial se interpreta como engaño. Y por eso, en el adulto con TLP, una palabra de consuelo puede sentirse como manipulación… y una caricia compasiva puede doler como si escondiera veneno.
no por ello deja de necesitar e interiorizar experiencias satisfactorias, de hecho las desea con mucha mayor urgencia y escasez (manzanas amarillas), que a pesar de venir a veces de personas grises la persona escindida las califica como totalmente buenas. “idealiza”
Aterrizaje al TLP:
Cuando el bebé no aprende a distinguir matices, las experiencias afectivas con sus figuras de apego se almacenan de forma contradictoria y fragmentada. Guarda recuerdos donde su cuidador lo destruye es malo y lo odia, y otros donde lo cuida, es bueno y lo ama. Pero nunca puede sentir ambas cosas al mismo tiempo.
Esta es la raíz de la escisión: no es solo una distorsión cognitiva, es una vivencia emocional polarizada, intensa, absoluta. El cuidador es o maravilloso o terrible. No hay punto medio. Y lo que no entra en esa lógica, se rechaza.
Este patrón no se queda en la infancia. Se convierte en la base sobre la que se interpreta todo vínculo posterior. La mirada queda condicionada a leer el mundo desde una óptica simplificada, incapaz de integrar lo complejo, lo ambiguo, lo mixto. Así se construye una cosmovisión emocional donde la relación con el otro es siempre inestable, peligrosa o idealizada.
A partir de ahí, cualquier figura de apego será percibida bajo esa lógica: o me sostiene absolutamente… o me está destruyendo. No hay experiencia segura del otro. El amor no se siente como refugio, sino como amenaza potencial. Porque si alguien me importa y no actúa de forma perfecta, entonces puede hacerme daño. Y si me hace daño, no puedo procesarlo como algo parcial: lo expulso, lo odio, o me derrumbo.
Ahí nace el miedo al abandono.
No solo por la pérdida del otro, sino por la vivencia interna de aniquilación que ocurre cuando el objeto amado se transforma —emocionalmente— en alguien hostil. Si no puedo soportar los matices, no puedo tolerar que quien me cuida también falle. No puedo vivir el gris sin colapsar. Entonces, el abandono se convierte en una amenaza existencial, porque si el objeto bueno desaparece, **solo queda el objeto malo.** Y estar solo con ese objeto malo, es volver al terror de aniquilación primitivo.
Así, todo el universo emocional queda marcado. Las relaciones no se construyen sobre confianza, sino sobre hipervigilancia. La mente busca certezas imposibles, y ante cualquier sombra gris, reacciona con rabia, pánico o idealización. No es dramatismo: es una estructura aprendida de supervivencia.
Este artículo contiene conceptos simplificados, no pretende ser un texto académico ni técnico, más bien intenta representar de forma pedagógica el aspecto fundamental del TLP en un lenguaje accesible para personas ajenas al medio académico de la psicología, está dirigido a personas que padecen el trastorno y también para quienes se relacionan con el mismo. Con un enfoque comunicativo, más que referencial.